“¿El arte digital puede ayudar a la comprensión del funcionamiento de internet?.”

 
Por Monserrat Palacios Hernández
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Originaria de la CDMX (1999.) En 2017 ingresó a la carrera de Artes Visuales en la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente se encuentra realizando su servicio social en el Centro de Ciencias de la Complejidad con apoyo a la curaduría y gestión de proyectos artísticos.

Su producción está enfocada principalmente en la pintura y el dibujo. También cuenta con trabajo en fotografía y gráfica. Participando en numerosas exposiciones colectivas dentro de la Ciudad de México, en los estados, así como en el extranjero. Actualmente es integrante de la galería Nawwa con obra pictórica.

Ha sido ponente en espacios académicos y gubernamentales con temas en historia y cultura africana, afrodescendiente, y narrativas de ciencia ficción. Ha cursado talleres teóricos y prácticos en teoría del arte, escritura, curaduría, bioética y sociología.

Nos interesa ahondar en los mecanismos por medio de los cuales opera (1) un sistema de organización, (2) una estructura de conectividad, y (3) ciertas formas de comunicación y relaciones que conforman la Red y surgen a partir de ésta. Aquellas maneras en las que Internet impacta en la constitución de todo aquello que produce, desarrolla y caracteriza nuestra vida, y que el arte puede ayudar a exponer. Y no como herramienta o medio meramente técnico de producción de imágenes digitales. 

El Internet de hoy, y las prácticas que involucra, no están distanciados de las formas de producción económica, de subjetividades, de las afectividades, políticas, ni experiencias sociales. La Web 2.0, que nació con el siglo XXI, es aquella segunda etapa del Internet que se caracteriza por una mayor conectividad más participativa entre usuarios. Y que involucra a todas las formas en que la vida se produce y se reproduce. 

La economía, entonces, no es únicamente una ciencia ni un mero instrumento de análisis. Para Dussel (2017) no es ya “como un ‘sistema’ a lo Habermas […] sino como el momento relacional práctico y constitutivo de la vida humana […] La relación práctica es la de ‘persona-persona’, y es el momento ‘económico’ por excelencia” (pp.218, 219)[1]. La economía que surge dentro de este nuevo sistema que ofrece la Web, estructura un tipo de producción que disuelve las barreras en las convergen el productor, el producto y el consumidor. Dicha organización económica, en muy resumidas cuentas, es denominada como “capitalismo afectivo”[2] o “capitalismo cognitivo”. Y esta nueva forma de capitalismo está basada, principalmente, en el trabajo inmaterial. 

 

El trabajo inmaterial, según nos dice Negri (2001):

“[…]se encuentra en un cruzamiento (es la interfase) de esta nueva relación de producción/consumo. […] Da forma y materializa las necesidades, el imaginario y los gustos del consumidor. Y estos productos deben, a su vez, ser potentes productores de necesidades del imaginario, de gustos.” (p.20)[3]

A lo que añade:

“El trabajo inmaterial produce por sobre todo una relación social (una relación de innovación, de producción, de consumo) […] El proceso de comunicación social (y su contenido principal: la producción de subjetividad) se vuelve aquí directamente productiva porque en un cierto modo produce la producción” (p.21)[4]

Entonces, el capitalismo afectivo es aquel que se aprovecha de la necesidad relacional de los individuos. Y surge, necesariamente, a la par de las (nuevas) redes de comunicación (Internet, redes sociales, etc.), utilizándolas para la explotación y la creación de subjetividad. Y en el contexto de la Web 2.0, habrá que aclarar que la creación de subjetividad es un proceso forzosamente social y colectivo, como la propia Red. 

Si pensamos en un arte que pueda generar y responder cuestionamientos pertinentes de nuestra época, con problemáticas como las que se han expuesto arriba, Prada (2015) nos comenta que: 

 “La principal capacidad de actuación crítica de estas manifestaciones artísticas no se basará en la investigación de los significados proyectados por la red, sino en el estudio de las condiciones que permiten su construcción, por lo que el mejor arte de Internet [entendido como arte digital] podría ser definido, precisamente, como el análisis poético del propio proceso de comprensión de esas condiciones.” (p.70)[5]

Es decir “[…] las obras que exploran hoy el mundo de las relaciones personales en Internet son, en el fondo, aproximaciones surgidas en torno a la naturaleza afectiva de la nueva producción biopolítica que es propia del sistema-red.” (p.63)[6]

 

Tenemos entonces que el arte de internet no es necesariamente un sinónimo del arte digital. Se trata más bien de un arte que explora (1) los nuevos tipos de comunicación, intercambio, transferencia y propagación de formas de hacer y entender el lenguaje (2) nuestra pertenencia, participación y agencia en las inéditas configuraciones de la creación de discursos que aparecieron con las redes sociales y el contexto general de la Web 2.0. Es decir, un arte digital es net art cuando, utilizando cualquier medio que se inserte en los paisajes electrónicos, expone y propone formas distintas de producir comunicación, entendiéndola como la materia prima en la producción de lo real. 

Así, obras como Excellences & perfections de Amalia Ullman[7], El paisaje destilado de Corinne Vionnet[8], el proyecto Wikipedia Art de Wikipedia[9], el software de Add-Art por la fundación Kadist[10], entre muchos otros ejemplos, son modelos de arte digital que parten de la experimentación, índice y presentación del-Internet y no desde-el-Internet, en otras palabras, entendiéndolo como materia y no como herramienta; lugar reciente y enigmático, productor de formas de comunicación, de tipos de relación, que configuran nuestro mundo de hoy… y el del “su arte”. 

Referencias.